LLevo un tiempo sintiendo que estoy fragmentado. Me he construido en gran parte por lo que creo que los demás piensan de mí. He sido un retazo de esas elucubraciones. Soy un caleidoscopio cuyo centro desconozco. No es extraño que esté constantemente confundido, ajeno de mí, requiriendo una y otra vez la percepción que tienen los otros sobre mí, lo que imagino que piensan los otros, especialmente las mujeres.
Hablar(me) de mí es urgente, mirarme al espejo, en silencio interno, para escucharme.
¿Mientras esto escribo tengo un lector en mente?
Este caleidoscopio (¿de personalidades?) presenta un problema narrativo: ¿quién es el yo? o ¿Cómo es el yo?
¿La novela ha de ser la historia de mis transformaciones? ¿a partir de cuándo?

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